Realizado en Valparaíso en una articulación de investigadoras e investigadores de universidades de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Uruguay , el encuentro reunió a referentes históricos y nuevas generaciones para debatir los desafíos contemporáneos del trabajo social, su papel emancipador y la vigencia del pensamiento crítico latinoamericano en un sistema donde se expresan diferentes conflictos que dan cuenta de una crisis amplia que afecta la vida, donde investigadoras e investigadores del proyecto Anillo ANID ATE220035 y la Escuela de Trabajo social fueron anfitriones.
El VIII Simposio Internacional de Pesquisadores “El Trabajo Social en la Historia: Luchas Sociales, Legados y Desafíos Contemporáneos”, reunió en Valparaíso a trabajadoras y trabajadores sociales de distintas latitudes del continente y a referentes históricos de la disciplina, como la Dra. Leila Lima Santos, la Dra. Margarita Rozas Pagaza. El encuentro se propuso revisitar la historia del trabajo social latinoamericano como una práctica crítica, inseparable de las luchas sociales y de las transformaciones históricas del continente. En la oportunidad, se reactivaron los debates sobre la reconceptualización del trabajo social, no como un episodio clausurado, sino como un proceso vivo de producción de conocimiento, ética y praxis emancipadora.

Para Leticia Arancibia, Directora del proyecto, el encuentro permitió la discusión desde una mirada histórica, sobre los desafíos contemporáneos que apremian la reflexión y la acción del Trabajo Social, fundamentalmente, en el contexto de una crisis estructural del capital, agravada por el colapso financiero de 2008, la pandemia de COVID-19 que se manifiesta a nivel global, con súper-explotación laboral, crisis energética y alimentaria, desplazamientos forzados, racismo y xenofobia. “En este escenario de ‘tiempos bárbaros’ y agudización de la ‘cuestión social’ el Trabajo Social se ve desafiado a analizar estos procesos desde una perspectiva histórico-crítica y a comprometerse con los grupos afectados por los conflictos de la biopolítica”, señaló.
Luchas Sociales, Legados y Desafíos Contemporáneos
El tono inicial del simposio lo marcó el Dr. Luis Vivero (Universidad Católica de Temuco/Chile), quien situó al trabajo social frente a la ofensiva de la ultraderecha, liderazgos autoritarios y los neofascismos globales. Desde una lectura marxiana y gramsciana, propuso pensar el presente como una batalla cultural en la que la ultraderecha disputa el sentido común, naturalizando la desigualdad y vaciando de contenido político las prácticas profesionales. Denunció la colonización del trabajo social por discursos tecnocráticos y asistenciales, advirtiendo que la neutralidad profesional es una forma de complicidad con el orden neoliberal. Recuperando la acción de los profesionales del Trabajo social como intelectual orgánico en su relación con las clases subalternas, pensando y actuando en vínculo con los movimientos feministas, indígenas y antirracistas. Finalmente bajo el neologismo de “neoreconceptualización” planteó la necesidad de reactivar la potencia transformadora de la crítica intelectual en las condiciones del capitalismo digital y financiero.

Esa provocación encontró eco en la ponencia de la Dra. Leila Lima Santos, quien retomó el hilo histórico del movimiento de reconceptualización para mostrar cómo, en plena Guerra Fría y bajo regímenes autoritarios, el trabajo social latinoamericano se atrevió a pensar la realidad desde una lógica de resistencia y emancipación. Su intervención unió historia y crítica contemporánea: desde la experiencia de la Escuela de Belo Horizonte y la fundación del CELATS hasta su reflexión actual sobre el capitalismo digital, la inteligencia artificial y la crisis ecológica. Lima Santos recordó que la reconceptualización fue un acto de desobediencia epistémica y política frente al eurocentrismo, y que esa herencia sólo conserva sentido si se reinscribe en los desafíos del presente. “La inteligencia artificial —advirtió— es un dispositivo de poder que reproduce desigualdades y concentra el control de la vida”, enlazando así las luchas del pasado con las nuevas formas de dominación tecnológica.
La Dra. Margarita Rozas Pagaza (Universidad Nacional de La Plata/Argentina) continuó con una intervención centrada en la memoria institucional del CELATS, no como evocación nostálgica, sino como reconstrucción política del modo en que el pensamiento crítico latinoamericano se institucionalizó sin perder su vocación insurgente. Recordó que el Centro, financiado inicialmente -en los sesenta y setenta- por la Fundación Konrad Adenauer, se emancipó de esa dependencia al asumir su apoyo a procesos revolucionarios y movimientos populares. La revista Acción Crítica y la Maestría Latinoamericana en Trabajo Social (MELATS) encarnaron, según Rozas, ese gesto de independencia epistémica y de articulación entre teoría y militancia. Si Lima Santos había hablado de las raíces emancipadoras del pensamiento profesional, Rozas mostró cómo esas raíces se ramificaron en redes de formación, publicaciones y praxis transformadora que resistieron a las dictaduras y abrieron paso a la circulación continental del saber crítico.
El diálogo adquirió densidad teórica en la voz de la Dra. Marilda Villela Iamamoto (UERJ/Brasil), quien situó históricamente la reconceptualización como un proceso de ruptura con el funcionalismo y el asistencialismo, y como una práctica enraizada en las contradicciones del capitalismo dependiente. Desde su proyecto internacional Movimiento de Reconceptualización del Servicio Social en América Latina: Determinantes históricos, interlocuciones internacionales y memoria (1960–1980), propuso una lectura comparada de los procesos latinoamericanos y europeos, mostrando que la emancipación profesional fue inseparable de las luchas por la democracia y los derechos humanos. Su insistencia en “ver la historia por el revés”, desde las resistencias y no desde las instituciones, dialogaba con las advertencias de Vivero y con el llamado de Lima Santos a mantener viva la praxis crítica. Para Iamamoto, rescatar la memoria no es un ejercicio retrospectivo, sino un acto de lucha: “la historia es una construcción del futuro más que del pasado”, citó, retomando al poeta Murilo Mendes.

Ese horizonte fue retomado por Maria Rosângela Batistoni (UNIFESP/Brasil), quien presentó la segunda fase del proyecto coordinado junto a Iamamoto: Serviço Social na História: a questão social e os movimentos sociais na América Latina e Europa (1960–2020). Su exposición amplió la escala temporal y geográfica del debate, analizando las transformaciones de la cuestión social en el capitalismo financiero y global. Describió una red de 41 universidades de América Latina, Europa y África articuladas por un mismo horizonte histórico-crítico, comprometido con la investigación militante y la reconstrucción de la memoria de las resistencias. En diálogo con Vivero, sostuvo que la crisis actual del capital —marcada por la financiarización, la militarización y el avance neofascista— requiere una renovación del pensamiento profesional como práctica anticapitalista. Su llamado a “estar atentos a las señales del presente y a las exigencias de la historia” sintetizó la vocación ética y política compartida por todas las intervenciones.
Homenaje a Leila Lima Santos
En ese mismo marco se desarrolló el homenaje a la Dra. Leila Lima Santos, que constituyó un acto de memoria viva, afecto colectivo y reconocimiento político a una de las figuras fundacionales del pensamiento crítico latinoamericano en trabajo social. Leticia Arancibia (PUCV) y Esther Lemos (Unioeste/Brasil) rindieron tributo a su trayectoria antes de dar paso a las palabras de la homenajeada, que conmovieron a todo el auditorio por su lucidez, humildad y fuerza ética. Las expositoras coincidieron en denominar el acto una femenagem, retomando el neologismo portugués que visibiliza los homenajes a mujeres y sus legados en la historia intelectual y política de América Latina.

Arancibia recordó que Valparaíso, sede del encuentro, tiene un valor simbólico en la memoria latinoamericana, pues fue ciudad de acogida para exiliados brasileños y chilenos durante las dictaduras de los años sesenta (como el caso de Brasil) y de los setenta (Uruguay, Chile, Argentina). En ese contexto, rendir homenaje a Leila Lima Santos en Chile significaba reconocer no solo su contribución académica, sino también su compromiso ético y su papel como intelectual militante que transformó la enseñanza del trabajo social. Ambas expositoras reconstruyeron con detalle su trayectoria: nacida en Goiás en 1943, formada en Belo Horizonte, su experiencia en Francia junto a Althusser y su papel decisivo en la creación del Método de Belo Horizonte, que marcó un punto de inflexión en la formación profesional. Tras su exilio forzado en 1975, Leila se integró al CELATS en Lima, donde coordinó entre 1978 y 1983 una red continental de investigación y formación crítica que dio continuidad al proceso de reconceptualización. Más tarde, su trabajo en el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) la llevó a México, Centroamérica y Colombia, ampliando su compromiso con los derechos humanos y las migraciones forzadas. En 2025, la Universidad Federal de Maranhão (UFMA) le otorgó el Doctorado Honoris Causa, en reconocimiento a una vida dedicada a la docencia, la investigación y la construcción de pensamiento emancipador.
Cuando tomó la palabra, Leila Lima Santos agradeció con humor y afecto, recordando a sus compañeras de generación —Marilda Iamamoto, Rosângela Batistoni, Margarita Rozas Pagaza, Inés Bravo— y afirmando que los estudiantes “son la gloria del maestro”. Recibió el homenaje no solo como mérito personal, sino colectivo: “Este homenaje que tengo el honor de recibir no me pertenece a mí como individuo, sino a un grupo de colegas con quienes hicimos la travesía solidaria de este pedazo de la historia”. Sus palabras resonaron como una lección de humildad y compromiso, reafirmando que el legado de su generación fue sembrar una conciencia ética y política que hoy sigue germinando frente a un sistema “voraz, insano y depredador de los derechos básicos a la vida”.

En un momento de gran emotividad, evocó a sus compañeros del CELATS entre 1975 y 1983, especialmente al uruguayo Juan Mujica, primer director del Centro, a quien recordó con cariño como símbolo de una generación que “dejó su huella en la historia de las resistencias latinoamericanas”. Su cierre fue un gesto de esperanza y continuidad: “Tengo hoy un desbordado orgullo de nuestra historia y el inmenso privilegio de estar viva y poder, casi a mis 83 años, abrazarlos con vigor y renovar juntos la confianza de que nuevas semillas seguirán germinando”.
En su conjunto, el simposio fue una celebración de la historia viva del trabajo social latinoamericano, de su dimensión crítica, solidaria y humanista, y de la fuerza de una generación que convirtió la práctica profesional en un proyecto ético y político al servicio de la vida y la justicia.
