Sandra Helena Ribeiro Cruz, investigadora brasileña y Doctora en Ciencias Socioambientales por el Núcleo de Altos Estudos Amazônicos da UFPA, llegó a Chile para realizar una estancia postdoctoral en el marco del Proyecto Anillo ANID ATE220035: Género, Biopolítica y Creación. Desde su experiencia como académica y exgestora pública en el Estado de Pará, en la región amazónica, su trabajo ha estado profundamente vinculado con los movimientos sociales, las políticas públicas y la lucha por el derecho de las mujeres a vivir con dignidad. En esta estancia, su objetivo fue cruzar las discusiones en torno a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con los efectos persistentes del neoliberalismo en América Latina, particularmente en Brasil y Chile.
Una historia marcada por la resistencia y la cooperación con los movimientos sociales
Ribeiro Cruz reconoce en Chile un territorio clave para comprender las transformaciones políticas del continente. Atraída por la historia de lucha y organización del pueblo chileno, decidió desarrollar aquí una investigación comparativa sobre los avances y limitaciones en el cumplimiento de dos metas específicas de los ODS: la erradicación de la pobreza y la igualdad de género.
En Brasil, su experiencia como Coordinadora de Políticas de Género y Programas de Generación de Renta en la ciudad de Belém, capital del estado de Pará, le permitió estar en diálogo constante con organizaciones de mujeres. Esa trayectoria le ha brindado una mirada crítica sobre las dinámicas de formulación e implementación de políticas públicas, especialmente en contextos atravesados por la desigualdad estructural y la falta de inversión estatal.
ODS, neoliberalismo y promesas incumplidas
Uno de los ejes centrales de su investigación es la tensión entre las metas propuestas por los ODS y las condiciones reales de vida en América Latina. Para Sandra, existe una contradicción profunda entre los objetivos promovidos por Naciones Unidas y la falta de recursos e inversión pública que caracteriza a los Estados del sur global. Como señala, los ODS imponen una agenda de cumplimiento a países que enfrentan una desfinanciación crónica de las políticas sociales, lo que vuelve inalcanzables muchas de sus metas.

En particular, cuestiona la propuesta del «emprendedurismo» como solución a la pobreza y la violencia de género. En sus palabras: “El mercado informal no es un espacio de autonomía, sino un síntoma de pobreza estructural”. Señala que tanto en Brasil como en Chile, el alto porcentaje de mujeres en empleos informales refleja la falta de oportunidades reales de inserción laboral, y con ello, la imposibilidad de garantizar autonomía económica, un factor clave para romper con círculos de violencia.
Asimismo, advierte que los avances en marcos legales para la igualdad de género no han sido acompañados por recursos suficientes para la implementación de políticas efectivas. A pesar de ciertas conquistas normativas, las violencias contra las mujeres persisten, incluyendo la violencia doméstica, patrimonial, psicológica y estructural.
Vivienda, trabajo y políticas integradas: condiciones mínimas para la autonomía
Uno de los aportes más relevantes de Ribeiro Cruz radica en su lectura de la vivienda y el empleo como condiciones esenciales para la autonomía de las mujeres. La falta de acceso a una vivienda segura y a un salario digno expone a muchas mujeres a permanecer en relaciones de dependencia o en contextos de violencia doméstica. Desde su experiencia en la gestión pública, ha impulsado iniciativas que prioricen a las mujeres como titulares de derechos en políticas habitacionales y programas de transferencia directa de ingresos, como la “Bolsa Familia” en Brasil.
Estas medidas, aunque parciales, son pasos relevantes hacia una mayor seguridad y dignidad. No obstante, Sandra insiste en que las políticas públicas deben ser estructurales, integradas y sostenidas en el tiempo. El cuidado de la vida y el sostenimiento de las familias, señala, no pueden recaer únicamente en iniciativas temporales ni en la buena voluntad de las gestiones locales, que muchas veces carecen de presupuesto para sostener las acciones.
El derecho a la ciudad y el rol de las mujeres en la Amazonía
Durante su paso por el Proyecto Anillo ANID ATE220035, Sandra profundizó una línea de trabajo que ha sido constante en su trayectoria: movimientos sociales y el derecho a la ciudad. Este enfoque, tradicionalmente ausente en las agendas feministas institucionales, pone en el centro las condiciones materiales de vida —agua, saneamiento, vivienda, transporte— y cómo estas afectan de forma diferencial a las mujeres.
Desde esta perspectiva, las mujeres son protagonistas de luchas por territorios más sostenibles, habitables y democráticos. En particular, su trabajo se centrará próximamente en un nuevo proyecto sobre la participación de las mujeres amazónicas en la defensa del derecho a la ciudad, en contextos marcados por la expansión extractivista, la contaminación del agua y la violencia territorial.
La región del estado de Pará, donde vive, es una de las más golpeadas por la explotación de recursos naturales. Allí, comunidades indígenas, afrodescendientes, quilombolas y ribeirinhas enfrentan amenazas constantes a su subsistencia. Según relata, “el agua es vital, no solo para vivir, sino para desplazarse, pescar, trabajar. Las mujeres de la Amazonía enfrentan conflictos ambientales, económicos y de género de manera simultánea”.

El rol estratégico del movimiento de mujeres
Ribeiro Cruz sostiene que ningún cambio estructural será posible sin el protagonismo de los movimientos sociales de mujeres. Desde su experiencia como articuladora entre el poder público y las organizaciones feministas, destaca que las conquistas más relevantes en materia de políticas públicas han venido de la presión social y la acción colectiva.
La articulación entre conocimiento académico, experiencia de gestión y acción territorial es clave. En este sentido, valora profundamente el espacio brindado por el Proyecto Anillo, que ha facilitado el intercambio de saberes y el fortalecimiento de redes latinoamericanas de investigación.
Frente al avance de discursos conservadores y autoritarios en la región, Sandra advierte que la lucha es global. “El fascismo crece cuando la desigualdad se profundiza. La disputa es por la vida, por el territorio y por el futuro de las nuevas generaciones”.
Pensar desde el sur, con el sur
En sus palabras finales, la investigadora subraya que América Latina está aún marcada por los efectos no resueltos de las dictaduras y por una frágil democracia que requiere ser cuidada y ampliada. Pensar el futuro exige hacerlo desde las experiencias y saberes locales, reconociendo las tensiones del presente pero también las potencias transformadoras que emergen de los márgenes.
Así, su paso por Chile no solo nutrió su agenda de investigación, sino también su convicción de que el diálogo entre pueblos del sur es una herramienta fundamental para resistir y crear alternativas. Desde Belém hasta Valparaíso, desde la Amazonía hasta la cordillera, el horizonte se construye con las mujeres que luchan por dignidad, justicia y vida en común.
